Cuando la “agresión” sexual es en grupo

Siguiendo la estela de nuestro anterior artículo, en el que hablamos de la triste sentencia del caso de la “agresión sexual” grupal en los San Fermines, me gustaría explicaros el perfil psicológico que tienen este tipo de agresores. Los mecanismos psicológicos y contextuales que intervienen en este tipo de agresiones son diferentes a los que se dan en otro tipo de violaciones.

Es muy difícil encontrar el perfil de estos agresores, pero podríamos encontrar la explicación en las teorías de la psicología de grupos. Voy a dejar fuera a las agresiones grupales punitivas (sic.) o las correctivas.

Primero analicemos el contexto: suelen ocurrir a la noche, durante fiestas o eventos deportivos, en aglomeraciones y por grupos de amigos o familiares. El hecho de estar dentro de un grupo da mayor sensación de anonimato, de desindividualización. Una de las consecuencias de actuar en grupo es que los individuos dejan caer sobre él la responsabilidad que recaería sobre sí mismos. Esto hace que cada uno pierda la capacidad de pensar por sí mismo y recapacitar sobre sus acciones y las consecuencias de las mismas. Además, las acciones del grupo incitan a cada miembro a participar, por imitación. Cuando los miembros del grupo están predispuestos a la violencia, se animan y refuerzan unos a otros.

Los motivos que llevan a las personas a violar en grupo son variados, aunque la satisfacción sexual suele ser el último de ellos. Según el artículo de Jessica Woodhams: ‘‘An Adventure That Went Wrong’’: Reasons Given by Convicted Perpetrators of Multiple Perpetrator Sexual Offending for Their Involvement in the Offense hay una serie de factores que llevan a la violación en grupo:

  • Empieza como otra cosa: Muy pocas personas planifican las violaciones grupales. En el artículo sólo lo hacen un 0.8% de los entrevistados. Las agresiones sexuales derivan de otra acción, como una broma, un juego, bullying físico o un robo. Hasta en las situaciones en las que los agresores reconocen que planearon el ataque, comentan que empezaron no usando la fuerza porque creían que ella también quería. Aunque la víctima sólo quisiera tener un encuentro con uno de ellos.
  • La influencia del grupo: Los agresores pueden hacerlo de forma directa (participando) o indirecta (no haciendo nada), pero es innegable la influencia que tiene la conciencia grupal sobre ellos. Antes he mencionado los dos factores principales que incitan al grupo a cometer estos actos: la desindividualización y el refuerzo.
  • Falta de introspección: Una cuarta parte de los participantes describe que les costó reconocer sus sentimientos y pensamientos durante y después del acto. Estas personas describen el ataque como si este fuera confuso y sucediera muy rápido.
  • Castigo y culpabilización de la víctima: la mitad de los entrevistados culpaban a la víctima de la agresión.Esto sucede en diferentes grados, desde la atribución de toda la culpa a la víctima hasta la insinuación de que ella tenía algo de responsabilidad. En muchas ocasiones, la víctima podría querer al principio y después cambiar de opinión. En otras, la víctima sólo quería tener un encuentro sexual con un miembro del grupo o tener sentimientos por alguien de ellos. Además, muchos utilizan el pasado sexual de la víctima como motivo de violación. Si ya ha participado en sexo grupal o ha tenido muchos amantes, le retiran la credibilidad a la víctima y pueden llegar a pensar que lo ha hecho de manera voluntaria.
  • Influencia del alcohol y las drogas: casi un cuarto de los entrevistados comentaron haber actuado así por estar bajo la influencia del alcohol y otras sustancias. Curiosamente, los agresores más jóvenes no suelen usar este factor como motivo de la agresión. Pueden reconocer haber tomado alcohol o otras drogas, pero niegan la influencia de ellos sobre el acto.
  • Violencia sexual normalizada en su contexto cultural: en algunos casos de los agresores más jóvenes, los entrevistados reconocían que no se habían dado cuenta de la seriedad y consecuencias de sus actos. Muchos mencionan que han sido testigos de situaciones similares en el pasado. Es importante señalar que este tipo de agresores provienen de vecindarios pobres con altos índices de criminalidad; en dónde las bandas son habituales.

Secuelas psicológicas de una agresión sexual grupal

La mayor parte de las agresiones de estas características son percibidas por la víctima como un suceso que amenaza seriamente su vida. Las víctimas tienen una sensación de horror y de indefensión, temen morir o sufrir heridas graves y, experimentan niveles muy altos de miedo y ansiedad.

Los síntomas más frecuentes son: susto, preocupación, terror, confusión, indefensión, rabia, vergüenza y humillación. Además tienen síntomas psicofisiológicos como: temblores, taquicardia, dolor, tensión muscular, respiración jadeante y paralización.

Cuando una persona es agredida sexualmente, suele sufrir en un primer momento una fase de shock. La intensidad del momento hace que la persona se sienta confusa, aterrada y desorientada. El cerebro de la víctima crea un bloqueo que la ayuda a protegerse del mundo y disminuir el daño emocional recibido.

En la segunda fase, la víctima toma conciencia poco a poco de lo que ha ocurrido. Esto suele pasar cuando recibe asistencia médica y legal. Su mente recuerda lo ocurrido cada vez con más detalle y se racionaliza el dolor. Es capaz de reconocer y verbalizar lo ocurrido y revive constantemente el trauma en su cabeza. Esto lleva a la tercera fase: trastornos psicológicos. El más habitual es el trastorno por estrés post-traumático, aunque el resto de las víctimas suelen sufrir numerosos problemas psicológicos, entre los que destacan la depresión, ansiedad, fobias, todo tipo de problemas sexuales y múltiples enfermedades ginecológicas. El no tratar adecuadamente estos problemas conducen a un trastorno crónico que puede llevar al aislamiento de la víctima, incluso al propio suicidio.

A modo de conclusión

La violación y la agresión sexual son siempre un delito con graves consecuencias para las víctimas y su entorno y, por tanto, deberían ser tratados con la mayor dureza posible. No importa la personalidad de persona que ha sido agredida, ni su ropa, ni su pasado sexual ni su clase social. Nada, absolutamente NADA justifica una agresión sexual. Las personas que agreden a otras personas merecen ser castigados legalmente y repudiados socialmente. En este país se tiende a proteger a quien daña y no a la víctima. Miremos el caso de La manada. Abogados, jueces, grupos sociales, etc. justifican las acciones de los agresores y culpabilizan a la víctima. Lo mismo se da en la mayor parte de casos de agresiones de este tipo. Si la víctima no acaba muerta, es que no se ha resistido y, por tanto, que es en parte culpable. Dejemos de culpabilizar a las víctimas, pues ellas no han elegido lo ocurrido y los agresores sí, por más que intenten minimizar sus acciones apelando a las drogas o al supuesto previo consentimiento de la víctima. Un no siempre es un no. La incapacidad de dar el consentimiento también siempre es un no. El consentimiento debido a que la víctima está bajo influencia de drogas también es un no.

En este país, desgraciadamente queda mucho por recorrer, tanto en educación a la población general como en las medidas que se toman ante estas situaciones. Sólo educando en la igualdad se podrán minimizar estos actos. Tenemos que dejar de culpar a la víctima y culpar al agresor. Las víctimas no incitan a estos actos, sino la cultura machista de los agresores, en la que las mujeres valen menos que los hombres y, por tanto, ellos pueden disponer de sus cuerpos como se les antoje. El problema está en que la educación de este país es explícitamente igualitaria e implícitamente machista. Todo el mundo sabe la teoría de que las mujeres y los hombres son iguales entre ellos y ante la ley, pero la educación en muchos hogares es sexista.

Se tiende a lo tradicional porque siempre ha sido así. Las mujeres tienen el rol de madres y amas de casa y los hombres de protectores y proveedores. Las mujeres que salen del comportamiento tradicional y sufren una agresión sexual tienden a ser culpabilizadas por la sociedad, por ser mujeres “malas”. Son mujeres que ya han dado lo que les daba valor, su propia sexualidad y, por lo tanto, dejan de tener valía como personas. Así que se buscan todo lo malo que les pasa en este sentido. Y ¿qué pasa con las que sufren agresiones sexuales y se han mantenido dentro del rol establecido? Les destrozan la vida, porque les han arrebatado lo que les daba valor. Las mujeres son personas y como tales no deberían ser valoradas por el uso que ha tenido su vagina, igual que no se valora a los hombres por grado de uso de su pene. Hay muchas otras cosas que me cuestiono y que influyen en este tipo de agresiones, sean con uno o más agresores.

¿Porqué en el caso de la violación múltiple (o  no) se tiende a culpar a la víctima en vez de a los agresores? ¿Qué castigo sería mejor para los violadores? ¿Cuál sería la mejor forma de reinserción? ¿Por qué cuando hace tantos años que se educa en feminismo hay cosas que no cambian? ¿Qué es lo que lleva a chicos normales a realizar actos tan despreciables? ¿Por qué seguimos teniendo en la cabeza la imagen de mujer tradicional, aun siendo conscientes de que los estereotipos han de cambiar? ¿Por qué muchos hombres siguen creyendo que tienen derechos sobre el cuerpo de la mujer? Todas estas preguntas son difíciles de responder; pero me esforzaré en hacerlo en un segundo artículo.

 

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